Bullying: prevención, detección y actuación
Según la UNICEF, el acoso escolar o bullying es una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un estudiante contra otro. Es una acción negativa, continua e intencionada que crea una relación de dominio-sumisión.
El ciberacoso o ciberbullying es la variante del acoso que se produce a través de internet: plataformas virtuales, mensajes de texto, chats, redes sociales... Este ciberacoso tiene unas características particulares: los contenidos se hacen virales y permanecen; los agresores pueden tener sensación de anonimato y un falso sentimiento de impunidad, y las consecuencias en las víctimas son más difíciles de evaluar.
Tipos de acoso y ciberacoso que podemos encontrar:
Bullying o acoso escolar
- Agresiones físicas, dañan y atemorizan a la vícitima de manera directa, a través de golpes, lesiones con objetos, etc.; y de manera indirecta, mediante extorsiones, robos, destrozo de sus pertenencias, etc.
- Agresiones verbales, son más habituales, consiste en humillar a la víctima en público, disminuyendo así su autoestima. De forma indirecta también ocurren las difamaciones o la creación de rumores.
- La exclusión social, margina a la víctima, impidiéndole participar en las actividades de grupo o comunicarse con sus iguales.
- Acoso sexual, poniendo en riesgo la seguridad y la autoestima de la víctima.
Ciberbullying
- Persecución u hostigamiento en las redes, mediante amenazas, insultos, grabaciones con el móvil, publicación de datos personales, uso de software espías y virus, etc.
- La exclusión, empleando mensajes denigrantes hacia la víctima, creando bulos y rumores que le humillan y menosprecian.
- La manipulación, que consiste en la modificación y difusión de contenidos web: material trucado, conversaciones manipuladas, comunicaciones alteradas, etc.
El acoso escolar o ciberbullying puede ser considerada como una de las situaciones más difíciles a las que se va a enfrentar el profesorado dentro de un centro escolar. La UNICEF define cuatro claves para anticiparse a estas situaciones:
1. Entender
Ver a través de sus ojos, pues solo poniéndonos en su piel comprenderemos cosas impensables para un adulto. Para ello, es muy importante comunicarnos con ellos, consultares e invitarles a participar en todo lo que afecte a la familia.
En primer lugar, lo sufrirá la víctima. Podrá disminuir su rendimiento escolar y tener miedo de ir al colegio. Además, podrá bajar su autoestima, aumentar su ansiedad y cambiar su ánimo. Es bastante común que se sienta sola o insatisfecha, o que incluso presente conductas autodestructivas. Y a nivel social, podrá evitar participar en actividades con otros compañeros; sentirá desconfianza o evitará el contacto con otros. Y lo que es peor: normalizará su papel de víctima.
Los testigos del acoso y su entorno también podrán sufrir las consecuencias. Disminuirá su rendimiento escolar y sentirán culpabilidad e impotencia. Con el tiempo, se mostrarán insolidarios con el sufrimiento ajeno y manifestarán egoísmo y pérdida de valores. Además, también verán la discriminación como algo normal e identificarán la agresividad y la violencia con el éxito social.
2. Conectar
Conectar con ellos de forma natural. Participar de su realidad como espectadores, observando y jugando un papel tan activo como ellos consideren. Al final es cuestión de empatizar, de tratarles con la misma dignidad que un adulto, y, sobre todo, respetarles.
Los adultos tenemos una gran responsabilidad a la hora de prestar atención a las señales del acoso escolar o ciberbullying y actuar a tiempo para evitar males mayores.
Los casos de ciberbullying suelen darse a escondidas de los adultos, que no suelen percibirlo pro estar menos familiarizados con las redes sociales y las tecnologías. Ante los casos de ciberacoso, el adulto puede minimizar las señales y vivirlas como un hecho aislado, o sobreactuar, intentando controlar todas las relaciones de la víctima, lo que genera desconfianza y secretismo.
Por ello, es indispensable que exista una buena comunicación, basada en el respeto, entre los adultos y los infantes.
3. Prevenir
Prevenir y estar pendiente de las señales, saber detectarlas. Además, podemos trabajar en el aula dinámicas de grupo, favoreciendo la cohesión del alumnado y fomentar la resolución de problemas a través del diálogo. Algunas de estas señales son:
- Faltas de asistencia.
- Bajo rendimiento.
- Desinterés por el colegio.
- Baja autoestima.
- Evitar estar lejos de los adultos.
- Pedir dinero constantemente a sus progenitores.
- Cambios bruscos de humor.
- Miedo a la soledad.
- Insomnio y pesadillas.
- Lesiones físicas.
- Perder sus cosas o llevarlas rotas.
Otra forma de prevenir el ciberacoso es la educación en el buen uso de y en el enfoque correcto, enseñándoles a navegar con sentido crítico e identificando los siguientes contenidos:
- Los contenidos falsos, éstos, que transmiten datos falsos o no contrastados para distorsionar o llevar a un error.
- Los contenidos nocivos, perjudiciales para ellos, aunque sean legales.
- Los contenidos ilícitos, aquellos que no están autorizados por la ley.
4. Actuar
Sin prisa, pero sin pausa; evitando alarmarse, pero buscando soluciones eficaces. Y, sobre todo, poinéndonos en manos de profesionales y personas expertas en la materia, empezando por el profesorado y el personal del colegio.
Los progenitores pueden actuar escuchando a sus hijos/as y comunicándoles al colegio cualquier sospecha que tengan, desde los centros, debemos estar atentos y aplicar el protocolo de actuación establecido en el Plan de Centro.


